Hubo un momento en que empecé a escribir sin saber por qué. Las palabras llegaban como un flujo, una voz que no era solo mía y que sentía atravesarme, más allá del tiempo y del espacio. Nunca pensé en escribir un libro, y un día me encontré con páginas de algo que había recibido.
Estos textos llevan frecuencias impresas en la materia: trabajan más allá del nivel racional, tocan partes olvidadas y reactivan lo que siempre has sabido. Porque el verdadero saber no se aprende, se recuerda. Si estás aquí, quizá algo dentro de ti esté llamando.